6 jun. 2007

LA CIUDAD IDEAL




Ciudad ideal
Proyecto desarrollado para la exposición realizada
en la Galería de Arte Can Janer.
Inca, Mallorca.

Es muy importante para un-a artista su primer paso en el universo de las exposiciones, de que su presencia pueda devenir necesaria en los difíciles canales donde el arte discurre, algunos-as, pocos, llegan a este punto con bagaje tan elevado, como sé es el caso de Isabel Serra en esta su exposición iniciativa, cuya obra posee la frescura del recién nacido y a la vez la profundidad de la madurez en su propuesta conceptual.
Su obra , densa, fuerte y delicada contiene una intensa expresividad orgánica en lo esencial, pero ciertamente ordenada, o caótica (las dos caras de la misma moneda), es como una ciudad, tema de su investigación y efigie en la obra que podemos contemplar en esta muestra. Una suerte de visión multidimensional en la aplicación del sentido temporal en sus composiciones, en sus blancos, en el vacío, en el movimiento... Se trata de unos ritmos vitales en su montaje, en el orden o el cosmos como formas de transformar la sucesión temporal, su obra nos propone momentos vividos hechos de ecos situados en el pasado, en el presente eterno, a su vez contenidos en el futuro a la manera de los versos en Four quartets de T. S. Elliot. O las lecciones de Husserl sobre la Fenomenología de la conciencia íntima del tiempo que iluminan esos movimientos de retención protectora en la que se inspiran algunos aspectos de la composición contemporánea. Recorremos esta exposición como los fluidos vitales lo hacen atravesando un cuerpo. Isabel nos sitúa en el interior de un río denso y enriquecedor donde el tiempo una vez más se hace patente en su devenir, nunca igual, como sentenció para siempre Hiráclito.
Aquí en este su río, como en la vida misma o mejor como en una no-sinfonía (recuerdo a John Cage) se producen hechos incluso contra-corriente, curiosas negaciones del no-lugar por ejemplo, de la presencia, del ruido o del silencio. Seriedad y un cierto humor inteligente, sensibilidad hacia lo pequeño, que engrandece, sin pretenderlo quizás, como una suerte de proceso evolutivo que "sin intentar producir perfección, genera interés" (decía Rem Koolhaas).

Pero hay más que interés aquí, es algo vibrante, la "resonancia silenciosa del tiempo" (Cage), que discurre a través de todo un sistema de venas, arterias y lugares, espacioso paisajes entrópicos, instantes sutiles, pero también amplios, luminosos, de una cierta grandeza, esta vez sí... lugares de contemplación, de emotiva belleza.


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